sábado, 19 de enero de 2013

Lluvia

Está lloviendo.
Es una lluvia fuerte, intensa, con mucho viento.
Esta mañana, me ha despertado el ruido de la lluvia en la persiana. Parecía granizo. El cajetín de la persiana temblaba. Me he asomado a la ventana y he visto escorrentías en la calzada.
En condiciones normales, me alegraría por la lluvia. En la ciudad, el aire se nota más limpio y se respira de otra manera. En el campo, hay alivio por las cosechas.
Hace años, en mi época de estudiante y de creyente, la lluvia me ayudaba a concentrarme y en mi cabeza resonaba el Rorate, llenándome de paz con recuerdos a olor a madera vieja recién limpiada estando aún limpia y a restos de incienso en el aire.
Sin embargo, la lluvia de hoy es preocupante. Tras trece días de huelga del servicio de recogida de basuras, la lluvia puede agravar el problema. Si en la reunión de ayer se hubiera llegado a un acuerdo y las basuras se hubieran recogido anoche, la lluvia de hoy serviría para limpiar el aire. Al no haber sido así, sólo servirá para empeorar la situación.
Recuerdo a dos profesores de grado y posgrado explicando que el conflicto es algo natural y que la cuestión está en cómo afrontarlo sin violencia. Estos días estoy pensando mucho acerca de eso. Más allá de la huelga, hay otros conflictos que me preocupan. Pero de ellos escribiré otro día.

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