domingo, 16 de agosto de 2015

Final de las vacaciones

Este verano he disfrutado de una semana en la Costa del Sol,

Fuengirola, foto de Olaf  Tausch


















una escapada a Madrid

Madrid, foto de tnarik


















y un viaje a Alemania.

Hamburgo, foto de Tony Webster











Bremen, foto de Jürgen Howaldt

Lübeck, foto de Jorges






























He vuelto cansada físicamente pero con ganas de más. Siempre me ocurre lo mismo: me hubiera quedado un día más, habría visitado tal o cual sitio que estaba cerrado el día que fuimos o que, estando abierto, no pudimos ver por falta de tiempo o de fuerzas.
Esto me ha hecho preguntarme: ¿por qué siempre nos falta algo?
Y he buscado en Google -¡cómo no!- obteniendo "aproximadamente 6.560.000 resultados (0,27 segundos)". A pesar del refrán "mal de muchos, consuelo de tontos", reconozco que me relaja comprobar se trata de una sensación normal.
Hay quien enfoca el tema desde una perspectiva "positiva" ("la sana ambición que nos impulsa hacia delante y nos hace crecer y no estancarnos"), quien critica esa sensación ("consecuencia del consumismo que corroe nuestra sociedad") y hasta quien se mantiene en el análisis psicodinámico ("eso viene de la herida narcisista").
Por mi parte, he decidido sentirme bien contrarrestando esa sensación con tres ideas:
1. Es muy difícil ajustar tanto un programa de viaje como para que todo sea absolutamente perfecto, en especial si hay que cuadrar los intereses y las preferencias de dos personas o más. Incluso en los viajes que han sido perfectos para mí intuyo que tal vez pudieron no ser perfectos para otros miembros del grupo. Lo importante es que sean satisfactorios para todos, aunque no se pueda ver todo.
2. Si representamos la duración de un viaje en una línea continua que indicara el número de días, habría un día en el que estaríamos deseando volver a casa. Es mejor que falte un día a que sobre un día. En el primer caso, nos quedaríamos con un bonito recuerdo del viaje ("fue estupendo, ojalá hubiera durado más"); en el segundo caso, el recuerdo general no sería tan agradable ("uf, qué hartura, estaba deseando volver").
3. Si contamos el número de experiencias vividas y el número de experiencias que echamos en falta, lo más seguro es que el primero sea muchísimo mayor que el segundo. Pensar en lo que faltó es un camino seguro para sentirse mal y ese no es el objetivo de unas vacaciones: el objetivo es "cargar las pilas" disfrutando de lo vivido y eso implica recordar los muchos buenos momentos y no los pocos "closed" o "tenemos que irnos".
Dicho esto: ¡estoy deseando volver a hacer las maletas!

P.D. El aroma de estas vacaciones ha sido el eau de toilette Very Irresistible, de Givenchy: en Hamburgo terminé la miniatura de la que hablé en esta entrada... ¡días después de visitar el Miniatur Wunderland!

2 comentarios:

  1. Eso es que lo pasaste genial, estoy de acuerdo, es mejor que tengas esa sensación de un día más! besos, :))

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